En nuestro anterior Blog, aprendimos algunos de los principios básicos de la alimentación consiente o alimentación responsable. Algunos de sus puntos clave consisten en volver el acto de alimentarse una experiencia sensorial tanto tangible como explícita, sin embargo, existen muchas otras razones por las cuales trabajar este proceso es no solo de gran ayuda para tu día a día, sino también de gran importancia.

Nuestro cerebro, en su asombrosa capacidad, es el órgano primario que controla todos nuestros sistemas. Dicho trabajo, aunque natural, puede ser exhaustivo para él, por lo que a lo largo de siglos de evolución ha logrado desarrollar la habilidad de automatizar procesos, o dicho de otra manera, llevar conductas, acciones y procesos repetitivos a un campo subconsciente. Esta es una función vital para nosotros, pues permite que la parte cociente de nuestra mente no se sienta agobiada ante cada nueva acción como si se realizara por primera vez, sin embargo, el ritmo de vida acelerado y los constantes estímulos, han desarrollado progresivamente esta habilidad en nuestra contra.

El realizar actividades, como comer, de manera automática ha tenido serias repercusiones en nuestra salud, ya que acarreamos el alimento de manera inocente, lo que vuelve más complicado detectar patrones negativos en nuestra dieta. Aunado a esto, toda una gama de experiencias sensoriales puede verse afectada, por lo que la alimentación consiente se vale de un ejercicio sensorial de autoconciencia y de conocimiento de nosotros mismos, lo más alejado posible de los procesos de automatización.

Al vivir la experiencia del comer de un modo más presente y analítico, damos pie a que se activen no solo nuestros sentidos primarios como lo son el gusto, el olfato y el tacto a través de las texturas, sino también; generamos un hábito de conciencia de nuestro cuerpo en interacción con las sustancias que ingiere, además de los tiempos en que se ejecuta cada acción. Esto resulta de suma importancia, sobre todo al enfrentar un ritmo de vida acelerado, pues permite recuperar de manera consiente nuestra capacidad de disfrute en uno de los actos más básicos, que es la alimentación. El comer despacio y saber lo que comemos, también será útil al conocer nuestro estado de salud general, detectar que partes de nuestra dieta deben mejorarse o alentarse con más energía, entre otros beneficios.

Lo más importante, es que a través de la alimentación consiente te das un regalo a ti mismo, a tu cuerpo y a tu salud, lo cual tiene el potencial de generar cambios en otras áreas de tu vida al ser más consiente de tus ritmos y procesos.

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