El cuerpo ¿un todo o una colección de órganos?

El mundo se ha transformado de manera muy significativa en las últimas décadas. No sólo cambió el sistema económico y de producción, sino que estos cambios trajeron consigo profundas transformaciones respecto a nuestra manera de relacionarnos con el entorno e incluso con nuestros cuerpos. En palabras de David Le Bretón, “El cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo. No es un dato indiscutible, sino el efecto de una construcción social y cultural”. Es decir, la manera en la que pensamos y significamos el cuerpo también ha ido cambiando dependiendo del momento histórico y la cultura. Cada manera de pensar el cuerpo corresponde a visiones del mundo particulares.

Mientras en las sociedades individualistas cada quien tiene un cuerpo, como si de una posesión (un objeto) se tratase, en los grupos de organización comunitaria no se hace distinción entre persona y cuerpo: todo cuerpo es parte de la naturaleza, la comunidad, el cosmos. Todos somos uno. Mientras que para la ciencia médica, el cuerpo y sus fenómenos se explican y tratan como pura materialidad física, las concepciones antiguas y comunitarias tratan al cuerpo como una parte del todo. La gran brecha que existe entre estas dos maneras de significar el cuerpo cobra relevancia cuando se habla sobre tratar de manera natural los padecimientos físicos.

El uso de plantas medicinales para tratar y prevenir los diferentes padecimientos de la especie humana, corresponde a la visión tanto del cuerpo como de la vida en general, que considera al individuo como una parte del todo. Se trata de una opción que implica recuperar los saberes antiguos y reconectarse con el cuerpo como parte del todo. Además de que ahora se pueden aprovechar los grandes e innegables aportes de los avances científicos, como los conocimientos sobre anatomía y procesos corporales, así como los análisis de laboratorio, por mencionar algunos.

Optar por un tratamiento natural conlleva tomar conciencia y asumir la responsabilidad del propio estado de salud. Es decir, si bien es recomendable consultar a los especialistas -tanto si se opta por un tratamiento natural como si se prefiere uno alópata-, la persona más enterada sobre lo que sucede con su cuerpo, debería ser una misma.

Cuando decidimos gestionar nuestra salud a través del uso de plantas medicinales y remedios naturales, asumimos un rol mucho más activo en nuestro proceso de sanación, que implica tomar la responsabilidad de comenzar a conocer y monitorear el cuerpo y sus diferentes señales -como síntomas físicos, estados de ánimo o esquemas de pensamiento- que nos pueden ayudar a hacer una especie de mapa para saber qué es lo que necesitamos sanar.

 

Fuente:

Pérez, P. (2018). Del cuerpo a las raíces (3rd ed.). Ginecosofía.

Leave A Comment